La Ciudad de México guarda su historia no solo en monumentos y museos, también en sus cantinas. Estos espacios han sido testigos de décadas de convivencia, política, música y vida cotidiana, manteniendo tradiciones que sobreviven al paso del tiempo.
Muchas de estas cantinas nacieron en el siglo XIX y principios del XX, y hoy siguen siendo puntos de encuentro donde la botana, el tequila y las historias se sirven por igual. Visitarlas es entrar a una cápsula del tiempo donde cada rincón tiene algo que contar.
Cantinas históricas de la CDMX que debes conocer
Entre las más representativas destacan aquellas que han logrado conservar su esencia original, desde su arquitectura hasta sus tradiciones gastronómicas.

Tradición, botana y ambiente clásico
- La Peninsular: Considerada una de las más antiguas, conserva el estilo tradicional de cantina con botana abundante y ambiente relajado.
- El Gallo de Oro: Ubicada en el Centro Histórico, es famosa por su comida y por mantener el espíritu clásico de barrio.
- Bar Gante: Con décadas de historia, mezcla tradición con una oferta gastronómica más amplia.
- Salón París: Fundada en 1934, es una de las cantinas más emblemáticas de Santa María la Ribera y un sitio clave en la historia musical de México, ya que ahí comenzó a cantar José Alfredo Jiménez.
Este tipo de cantinas no solo destacan por su antigüedad, sino por conservar rituales como la botana incluida con las bebidas y un ambiente donde conviven distintas generaciones.

El Dux de Venecia: la joya histórica de Azcapotzalco
En esta lista no puede faltar una de las más representativas del norte de la ciudad: el Dux de Venecia.
Ubicada en Azcapotzalco, esta cantina destaca por ser una de las más antiguas de la CDMX y por mantener intacta su esencia a lo largo de los años. Su ambiente clásico, con puertas abatibles y servicio tradicional, la convierte en un punto obligado para quienes buscan una experiencia auténtica.

Más de un siglo de tradición en la capital
Además de su historia, el Dux de Venecia es reconocido por su oferta gastronómica y por ser un espacio donde la convivencia sigue siendo el eje principal. Aquí, como en las grandes cantinas, cada visita se convierte en una experiencia cargada de identidad y tradición.
Recorrer estas cantinas es entender una parte viva de la historia de la Ciudad de México. No son solo lugares para beber, sino escenarios donde generaciones han compartido momentos, construido recuerdos y mantenido vivas las costumbres de la capital.






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