Skip to content
Buscar

Últimas historias

El salvador del mundo… o el falso profeta del poder

De la tinta de Juan Ortega.

Illustrated man amid chaos with signs like "Miedo" and "Narrativa". Juan Ortega column.

De la tinta de Juan Ortega.

IA
Illustrated man amid chaos with signs like "Miedo" and "Narrativa". Juan Ortega column.

El mundo siempre ha tenido enemigos.

Lo nuevo es que ahora también tiene “salvadores”.


Maduro es el dictador señalado.

Epstein, el secreto incómodo de las élites.

El Mencho, el enemigo perfecto para justificar una guerra permanente.

Irán, la amenaza eterna que mantiene viva la tensión global.

Y en medio de todo, Donald Trump.

Para muchos, el hombre que vino a poner orden.

Para otros, el falso profeta que entendió algo esencial: el miedo moviliza más que la razón.

Trump no se vende como diplomático. Se vende como corrector de abusos. Como el que enfrenta a dictadores, narcos, enemigos externos y al sistema que —según él— está podrido. El salvador del mundo libre. El que habla fuerte cuando otros susurran.

Pero el poder que se construye desde la confrontación necesita enemigos constantes. Y cuando no existen, se inventan.

Maduro sirve.

Irán sirve.

Los carteles sirven.

El establishment sirve.

El discurso es simple: “yo soy la solución”.

El riesgo es igual de simple: cuando alguien se presenta como única solución, deja de admitir crítica.

Y eso no es solo geopolítica.

En México lo hemos visto con Ricardo Salinas Pliego: confrontación directa con el poder público, narrativa de persecución, construcción de una identidad de resistencia. Para unos, empresario valiente. Para otros, ejemplo de cómo el poder económico también busca legitimarse desde el conflicto.

No es juicio moral. Es patrón.

Y ese patrón baja de nivel.

Pasa en corporativos.

Pasa en pymes.

Pasa en familias.

Líderes que confunden lealtad con obediencia.

Jefes que dicen: “si no haces lo que te digo, no haces equipo”.

Directivos que hablan de inclusión pero solo escuchan al que les aplaude.

A veces creemos que el que nos habla al oído es el más leal. El más inteligente. El que “sí entiende la visión”.

Pero muchas veces es solo el canto de las sirenas.

O peor: la curita para una herida que necesita cirugía.

Lo que pasa en el mundo no es distinto a lo que pasa en una oficina.

El poder se rodea de eco.

El eco sustituye la realidad.

Y la realidad, tarde o temprano, cobra factura.

No toda firmeza es liderazgo.

No todo que te aplaudan es respaldo real.

Y no todo el que se presenta como salvador evita el naufragio.

Esperemos no ahogarnos en la narrativa.

Porque cuando el barco se hunde, no es solo culpa del capitán.

Es culpa de quienes sabían que había grietas… y decidieron aplaudir igual.

Después de todo esto —en el mundo, en México, en tu empresa, en tu casa— la pregunta no es si volverías a votar por Trump, a obedecer sin cuestionar, etc;

La pregunta es más incómoda:

¿Estás dispuesto a asumir la parte de responsabilidad que te toca?

Pero a mí nadie me lo preguntó.

Más para ti