07/03/22
Por Ana Karen Silva
Con naranjas que sirven de proyectiles, niñas, niños, mujeres y hombres vestidos con coloridos trajes, pañuelos, sombreros de palma y un morral que sirve de escudo se enfrentan en un campo de batalla, es la tradicional guerra de naranjazos en Alfajayucan, Hidalgo, con más de 150 años de antigüedad.
El replicar de las campanas de la iglesia del Espíritu Santo es la señal para comenzar el ritual y pedir a la madre tierra abundancia y paz, pero sobre todo buenas cosechas durante todo el año, ya que la mayoría de la gente de este poblado vive del campo.
Los habitantes de este municipio enclavado en el Valle del Mezquital llevan acabo una procesión y el tradicional floreo de banderas. Después de lo religioso, todos se trasladan al campo de batalla, ahí se dividen en grupos y comienzan los naranjazos.
Se coloca una botella en el centro y quien la derribe es el afortunado de lanzar los primeros naranjazos, al son de la banda de viento y gritos de apoyo de los asistentes que forman una especie de cuadrilátero cada participante muestra sus mejores tinos con 20 naranjas que llevan en su morral.
Las reglas son claras solo se permiten golpes en brazos, torso y piernas.
Con un apretón de manos y un abrazo fraterno termina esta batalla, no hay rencillas ni rivalidades todo se quedó en el campo y es parte de una tradición que los une como pueblo.
La fruta utilizada es donada por la gente del pueblo y cuando finaliza la batalla la que está en buen estado se regala a la multitud que presenció la batalla.
Este año se calcula que se utilizaron cerca de mil doscientas naranjas en el festejo, que se mantiene como una de las tradiciones más arraigadas del estado Hidalgo y única en todo el país.Y
















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