Habiendo hablado ya de la relativamente poca importancia de los premios de la Academia en sentido y validación artística, creo que aún así vale la pena mencionar algunas películas que perfectamente pudieron haber entrado en las nominaciones de esta 98º edición y que fueron ignoradas por los votantes a pesar de su magnífica hechura frente a algunas otras que sí alcanzaron a ser tomadas en cuenta, en la humilde pero enérgica opinión de un servidor.
Tras observar a algunos y algunas líderes de opinión realizar este ejercicio año con año me doy cuenta de que no tiene mucho sentido hablar de cierto tipo de producciones que históricamente jamás han sido consideradas por los Óscar, que no apelan a su público ni tampoco parecen tener el más mínimo interés en hacerlo, o en poseer las características que las harían elegibles en dicho festival. Existen varias películas del año pasado que me parecen sencillamente maravillosas como Alpha de Julia Ducournau, El llanto de Pedro Martín Calero o Un fantasma para servir de Ratchapoom Boonbunchachoke. Sin embargo, caen la categoría de largometraje que jamás sería seleccionado para unos premios demasiado tradicionales en su selección, priorizando popularidad frente al público en occidente, que variedad o distinción.

Es más, ni siquiera se me ocurriría cuestionar la ausencia en estos premios de la Academia de las que son, para mí, las dos mejores películas del año de lejos: Nuestra Tierra de Lucrecia Martel y Mente maestra de Kelly Reichardt, porque como lo indican los anteriores proyectos de ambas directoras, es cine que apela a otro tipo de misiones o pretensiones, no a la carrera rumbo al popular premio estadounidense. Sin embargo, habiendo dejando en claro la lógica de no ver ciertas producciones en las listas publicadas por las cuentas oficiales de dichos galardones hace unas semanas, aún así creo que hay algunas cintas que no me gustaría dejar de mencionar como ausentes, por sus, a mi parecer, amplios méritos para encontrarse entre las nominadas, principalmente a mejor película.
La primera, y quizás con mayor indignación causada entre cinéfilos, es La única opción de Park Chan-wook, excluida contra todo pronóstico de la lista de 5 producciones que compiten por mejor película internacional. Sin llegar a ser de lo mejor que ha manufacturado su director a lo largo de su sobresaliente filmografía, la cinta surcoreana perfectamente podría haberse colado entre las actuales competidoras, entre las cuales se encuentran esfuerzos muy nimios como la representante de Suecia, o como la de España, que de plano me parece penosa e irresponsable. Otra omisión importante, y de carácter similar, en el sentido de estar lejos de las obras maestras antes filmadas por su autor, es El Esquema Fenicio de Wes Anderson. Atribuyo que el jurado de selección la haya ignorado por completo debido a la creciente evolución de Anderson como artista, que después quizás de el Gran Hotel Budapest, se ha dedicado a deconstruir sus cintas y explorar nuevos horizontes artísticos dentro de ellas. Interesantísima cruzada, presente en su última película, y que sus detractores (entre los cuales está la crítica gringa, al parecer) han reducido de forma simplista a que “se ha convertido en una parodia de sí mismo”, dejando así de apelar a las convenciones tradicionales de Hollywood.

Existe otro director que realmente nunca se ha alineado por completo a los gustos de premios como los Óscar al preocuparse más por explorar las posibilidades del cine como medio expresionista sobre todo en un contexto independiente: Steven Soderbergh. En el 2025, el oriundo de la ciudad de Atlanta, estrenó dos películas, entre las cuales se encuentra la increíblemente emocionante Código Negro, que pasó completamente desapercibida por público y crítica por parejo de forma inexplicable para un thriller de espionaje romántico protagonizado por varias superestrellas. Algo similar a lo sucedido con Avatar 3: Fuego y Cenizas de James Cameron, que, guardando distancias con la producción de Soderbergh, se quedó algo lejos de las proyecciones financieras de su estudio, al ser la tercera película en el ranking de recaudación en taquilla en el mundo, cuando muy probablemente apuntaba a ocupar el primer sitio. Pero más allá de su "fracaso" taquillero, me pareció una fantástica y muy digna tercera entrega dentro de una saga que sigue en constante crecimiento y búsqueda de maneras novedosas de filmar.
Podría sumar algunos largometrajes más como Una casa llena de dinamita, Haz que regrese, Misión Imposible: Sentencia Final, Miroirs Nº3, Olmo, y unas cuantas más para terminar de nombrar a los olvidados por estos Óscar. Pero, el simple hecho de que hayan sido realizadas y vistas por lo menos por una cantidad considerable de gente es lo que me da satisfacción, esperando también que sean nombradas en otras conversaciones sobre ausentes en los premios para que justamente, puedan llegar a un público más amplio. Que al final, es lo verdaderamente valioso frente a cualquier reconocimiento de aparador.












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