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René Magritte: el artista que nos  hace dudar de la realidad

A 59 años de su muerte, René Magritte sigue siendo uno de los grandes nombres del surrealismo. Sus pinturas, llenas de hombres con bombín, manzanas, nubes y escenas imposibles, cambiaron para siempre nuestra manera de mirar una imagen.

A 59 años de su muerte, René Magritte sigue siendo uno de los grandes nombres del surrealismo.

Este 15 de agosto se cumplen 59 años de la muerte del artista belga.

Luisa Ortega - Tele Urban

Hay artistas que pintan lo que ven y hay otros que consiguen que, después de mirar una de sus obras, ya no estemos tan seguros de lo que estamos viendo. René Magritte pertenece a ese segundo grupo.

Este 15 de agosto se cumplen 59 años de la muerte del artista belga, quien falleció en Bruselas en 1967. Tenía 68 años y para entonces ya había construido una de las obras más reconocibles del arte del siglo XX.


Quizá su nombre no nos resulte tan familiar como sus pinturas. Es muy probable que alguna vez hayamos visto a un hombre de traje y sombrero de bombín, una manzana verde flotando frente a un rostro o una pipa acompañada por una frase que dice que no es una pipa. Todo eso es Magritte.

Y ahí está precisamente una de las claves de su trabajo: tomar algo que conocemos perfectamente y ponerlo en un lugar donde ya no tiene sentido.


¿Por qué Magritte eligió pintar así?

Magritte comenzó su carrera explorando distintas tendencias de la pintura y el diseño, pero hacia 1926 encontró el camino que terminaría definiendo buena parte de su trayectoria: el surrealismo. Ese mismo año realizó sus primeras pinturas claramente relacionadas con este movimiento.

Pero su surrealismo no consistía simplemente en pintar sueños o mundos fantásticos. Su apuesta era mucho más cercana a nuestra vida diaria.

Magritte pintaba una habitación, una calle, un hombre, una ventana o una fruta. Todo parecía normal, hasta que algo no encajaba.

Una de las influencias que marcó ese cambio fue el pintor italiano Giorgio de Chirico. Magritte quedó profundamente impresionado por sus escenas misteriosas y por esa manera de convertir espacios cotidianos en lugares extraños. A partir de ahí comenzó a buscar su propia forma de provocar esa misma sensación en quien miraba sus cuadros.

Y la encontró en algo aparentemente sencillo: hacer preguntas con imágenes.

En lugar de decirle al espectador qué debía pensar, Magritte prefería dejarle una especie de acertijo.


Infografía Luisa Ortega - Tele Urban


Una pipa que no era una pipa y otras imágenes imposibles

Uno de sus mejores ejemplos es La traición de las imágenes (1929). A primera vista vemos una pipa perfectamente pintada. Debajo aparece una frase: “Esto no es una pipa”.

La primera reacción podría ser pensar que Magritte está jugando con nosotros. Y sí, en cierta forma lo está haciendo. Pero también está planteando algo bastante sencillo: una pintura de una pipa no es una pipa real. Es una imagen de una pipa.

Ese juego entre lo que vemos, lo que leemos y lo que creemos que significa una imagen aparece una y otra vez en su obra.

En Los amantes, de 1928, dos personas se besan mientras sus rostros están cubiertos por telas. La escena parece romántica, pero al mismo tiempo resulta incómoda y misteriosa. El Museo de Arte Moderno de Nueva York señala que el deseo frustrado es un tema frecuente en la obra de Magritte.

Después está El hijo del hombre, una de sus imágenes más famosas. Un hombre vestido de traje y con sombrero de bombín aparece frente al espectador, pero una manzana verde cubre buena parte de su rostro.

También están Golconda, con decenas de hombres vestidos exactamente igual suspendidos sobre una ciudad; El imperio de las luces, donde Magritte coloca un cielo de día sobre un paisaje nocturno; y La condición humana, otra de sus obras en las que juega con la frontera entre lo que existe frente a nosotros y lo que estamos viendo dentro de una pintura.

Nubes, manzanas, ventanas, sombreros, habitaciones y cielos se convirtieron así en parte de un lenguaje propio. Elementos comunes que, en sus manos, dejaron de ser comunes.


El legado de Magritte sigue apareciendo frente a nosotros

La importancia de René Magritte no está solamente en haber creado algunas de las imágenes más famosas del surrealismo. Su gran aportación fue enseñarnos que una imagen puede hacer mucho más que representar algo.

  • Puede hacernos dudar.
  • Puede hacernos preguntar.
  • Puede incluso hacernos descubrir que aquello que parecía evidente no lo es tanto.

Magritte consiguió que la pintura hablara de la relación entre imagen, palabra y realidad sin necesidad de convertir sus cuadros en complicadas explicaciones. Sus escenas podían entenderse a primera vista y, al mismo tiempo, quedarse dando vueltas en nuestra cabeza durante mucho tiempo.

Por eso, 59 años después de su muerte, sus pinturas siguen resultando tan actuales. Sus hombres de bombín, sus manzanas y sus cielos imposibles continúan apareciendo en la cultura popular y en nuestro imaginario visual.

Tal vez esa sea la mejor manera de entender el legado de Magritte: no nos enseñó a mirar el mundo de otra forma; nos enseñó a desconfiar un poco de lo que creemos estar viendo.

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