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Andy, las visas y las palomitas: en política no hay casualidades

Escrito por Juan Ortega.

Juan Ortega presenta su columna de opinión sobre la cancelación de visas a políticos mexicanos y las señales de presión desde EEUU

Juan Ortega analiza la cancelación de la visa de Andy López Beltrán y el contexto político y judicial que rodea las recientes acciones de Estados Unidos contra figuras mexicanas.

Creada por Tele Urban

Una visa cancelada no es una sentencia. Pero cuando detrás aparecen acusaciones, entregas voluntarias, expedientes judiciales y disputas comerciales, tampoco puede reducirse a un trámite migratorio.

La carta que Andrés Manuel López Beltrán envió a Donald Trump podría interpretarse como la respuesta indignada de un ciudadano al que Estados Unidos decidió retirarle la visa.


Vista de manera aislada, así sería: una decisión migratoria discrecional que no demuestra la comisión de ningún delito.

Pero la cancelación no ocurre aislada. Aparece después de una secuencia de acontecimientos políticos y judiciales que obliga a mirar más allá de Andy.

El 13 de agosto de 2026, López Beltrán informó que el secretario de Estado, Marco Rubio, y el subsecretario Christopher Landau habían ordenado retirarle su permiso de ingreso. En su carta calificó la medida como política, propagandística y “al estilo hitleriano”. Aseguró que no existen pruebas en su contra y pidió a Trump explicar si estaba enterado.

Hasta hoy, Estados Unidos no ha divulgado el motivo. Tampoco existe una acusación penal pública, una sanción financiera o un expediente judicial conocido contra Andy.

Ese es el primer límite: perder una visa no convierte a nadie en delincuente.

Tampoco debemos confundir las distintas herramientas que utiliza Washington. No es lo mismo cancelar confidencialmente una visa, declarar públicamente a alguien inelegible por corrupción, incorporarlo a una lista financiera, congelar sus activos, acusarlo penalmente o solicitar su extradición.

Andy se encuentra en el primer nivel. Rubén Rocha Moya ya enfrenta una acusación penal. Colocarlos en la misma situación sería jurídicamente incorrecto.

Pero también existe una pregunta inevitable: ¿por qué ahora?

La historia comenzó antes de Andy

En mayo de 2025, Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, informó que Estados Unidos había revocado su visa y la de su esposo, Carlos Torres. Washington no explicó las razones y ninguno enfrenta, hasta este momento, una acusación penal estadounidense conocida.

En julio del mismo año, el exgobernador de Guerrero Héctor Astudillo recibió una notificación semejante. Tampoco se hicieron públicas las causas ni apareció posteriormente un expediente penal. Astudillo sugirió que la decisión podía relacionarse con sus críticas a las políticas comerciales de Trump, pero esa explicación nunca fue confirmada.

Reuters reveló después que más de 50 políticos y funcionarios mexicanos habrían perdido sus visas dentro de una estrategia estadounidense contra la corrupción y los posibles vínculos con el crimen organizado. La mayoría de los nombres permanece reservada debido a la confidencialidad migratoria.

En ese momento podía interpretarse como una operación de presión: Washington utilizando las visas para enviar mensajes sin presentar acusaciones.

Pero el caso de Sinaloa cambió la dimensión del problema.

Rocha Moya: cuando después de la visa apareció el expediente

De acuerdo con información periodística, la visa de Rubén Rocha Moya fue revocada en 2025. El 29 de abril de 2026, la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York hizo pública una acusación contra el gobernador y nueve funcionarios o exfuncionarios de Sinaloa.

Los fiscales sostienen que presuntamente colaboraron con integrantes del Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de drogas a cambio de sobornos, protección y respaldo político.

Rocha niega las imputaciones y no ha sido condenado. Pero, a diferencia de los casos de Andy y Marina del Pilar, aquí sí existe un expediente judicial público.

Dos semanas después ocurrió algo todavía más delicado.

Gerardo Mérida Sánchez —ese es el orden correcto de sus apellidos—, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, cruzó por Nogales y quedó bajo custodia estadounidense. Enrique Díaz Vega, exsecretario estatal de Administración y Finanzas, también se presentó ante las autoridades de ese país.

Ambos pertenecieron al círculo gubernamental de Rocha y aparecen en la misma acusación. Su entrega no demuestra culpabilidad ni confirma que hayan decidido colaborar.

Pero cuando dos integrantes de un mismo gabinete se colocan voluntariamente frente a fiscales estadounidenses, la pregunta surge sola: ¿pretenden defenderse en juicio o buscan negociar?

El sistema penal estadounidense permite reducir cargos, ofrecer protección o mejorar condiciones procesales a cambio de información. No existe confirmación de que Mérida o Díaz hayan aceptado convertirse en testigos colaboradores. Afirmarlo sería irresponsable. Ignorar esa posibilidad también lo sería.

El Mayo y la información que aún no conocemos

En medio de esta secuencia está Ismael “el Mayo” Zambada.

Fue trasladado a Estados Unidos en julio de 2024 en circunstancias controvertidas. Joaquín Guzmán López reconoció posteriormente haber participado en su secuestro y traslado con la intención de obtener beneficios ante las autoridades estadounidenses.

Zambada se declaró culpable el 25 de agosto de 2025. El 20 de julio de 2026 fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional y se ordenó el decomiso de 15 mil millones de dólares.

No existe confirmación pública de que sea testigo protegido. Un acuerdo de culpabilidad tampoco implica automáticamente cooperación.

Pero Estados Unidos no negocia únicamente años de prisión. También negocia información, rutas financieras, nombres, decomisos y protección de familiares.

¿El Mayo habló sobre campañas políticas o funcionarios mexicanos? No está demostrado.

¿Las acusaciones contra Rocha y su equipo se construyeron con información de Los Chapitos, del Mayo, de otros testigos, de comunicaciones intervenidas o de movimientos financieros? El expediente disponible no permite saberlo completamente.

La coincidencia temporal no prueba una conexión. Pero tampoco permite descartarla.

Las grandes investigaciones rara vez aparecen de un día para otro. Primero se recopilan testimonios, comunicaciones, transferencias y operaciones empresariales. Después pueden llegar las visas revocadas, los congelamientos, las acusaciones y las solicitudes de extradición.

La pregunta es si las visas son el castigo o apenas el aviso.

Las palomitas de Landau

Después de la carta de Andy, Christopher Landau publicó en X una imagen con el mensaje: “¿Estás disfrutando el show? Rellena tus palomitas. Amarás la siguiente parte”.

No mencionó expresamente a López Beltrán. Por eso no puede afirmarse que haya anunciado una investigación en su contra.

Pero el momento convirtió la publicación en un mensaje político.

La diplomacia convencional habría evitado cualquier insinuación. La diplomacia de Trump utiliza la ambigüedad para elevar la presión: no muestra las cartas, pero busca convencer al adversario de que todavía tiene algunas guardadas.

¿Landau hablaba de Andy? ¿De otros políticos? ¿De nuevas visas canceladas o de expedientes reservados?

Nadie fuera de Washington lo sabe. Pero un subsecretario de Estado conoce el peso de sus palabras.

También destaca el silencio de Trump. Andy le escribió directamente, pero quien respondió indirectamente fue Landau.

¿Trump desconoce el caso? ¿Permite que Rubio y Landau operen? ¿O utiliza el silencio para conservar margen de negociación?

El T-MEC está sentado en la misma mesa

La tensión ocurre en el peor momento comercial posible.

El 1 de julio de 2026, Estados Unidos decidió no extender todavía el T-MEC por otros 16 años. El tratado continúa vigente, pero su renovación de largo plazo quedó condicionada a nuevas negociaciones.

Washington exige cambios en automóviles, acero, aluminio, agricultura, reglas de origen, seguridad económica y cadenas de suministro. El 21 de julio comenzó en Ciudad de México una tercera ronda bilateral. Tres semanas después estalló el caso Andy.

No hay evidencia de que una visa sea formalmente una ficha dentro de la negociación comercial. Pero sería ingenuo pensar que comercio, migración, fentanilo, armas, inteligencia y política funcionan en habitaciones completamente separadas.

¿Qué gana Washington cuestionando a políticos de un gobierno al que públicamente llama aliado?

Gana presión. Puede exigir mayor cooperación contra los cárteles, controles sobre inversiones chinas, resultados migratorios o concesiones comerciales.

La amistad entre gobiernos no elimina los intereses nacionales. En ocasiones solamente permite negociarlos con menos ruido.

El huachicol también es un negocio bilateral

El huachicol fiscal no puede analizarse únicamente desde México.

Implica combustible comprado o movilizado desde Estados Unidos, empresas transportistas, intermediarios financieros, cruces fronterizos, ferrocarriles, puertos y aduanas.

Si millones de litros entraron irregularmente a México, alguien los vendió del otro lado. Hubo documentos comerciales, cuentas bancarias, aseguradoras y compañías estadounidenses con capacidad para identificar operaciones anormales.

¿Quién vendió ese combustible? ¿Qué intermediarios participaron? ¿Las autoridades estadounidenses detectaron las operaciones? ¿La información sobre políticos mexicanos proviene también del seguimiento financiero realizado en Estados Unidos?

Investigar únicamente a los receptores mexicanos dejaría incompleta la cadena. El crimen es transnacional, pero las responsabilidades con frecuencia se persiguen sólo al sur de la frontera.

Cienfuegos: cuando la soberanía cambió una acusación

El caso del general Salvador Cienfuegos demuestra que Washington puede tener un expediente y aun así retirarlo por consideraciones diplomáticas.

Cienfuegos, secretario de la Defensa durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, fue detenido en Los Ángeles el 15 de octubre de 2020. Estados Unidos lo acusó de narcotráfico y lavado de dinero.

Un mes después, tras la presión del Gobierno mexicano, el Departamento de Justicia solicitó retirar los cargos y devolverlo a México. La explicación oficial fue que debía investigarse bajo la legislación mexicana y que se buscaba preservar la cooperación bilateral.

En enero de 2021, la FGR determinó no ejercer acción penal. López Obrador respaldó la decisión y acusó a la DEA de construir un expediente sin pruebas suficientes.

¿Estados Unidos se equivocó? ¿La evidencia de inteligencia no soportaba un juicio? ¿O el expediente fue sacrificado para evitar una crisis con México y con sus Fuerzas Armadas?

El caso nunca respondió completamente esas preguntas.

Cienfuegos demuestra dos cosas: Washington no siempre lleva sus señalamientos hasta una sentencia y México también puede utilizar la soberanía y el peso diplomático para detener una acusación.

¿México exige pruebas o busca controlar dónde, cómo y contra quién pueden utilizarse?

Bartlett: décadas de sospechas sin acusación

El caso de Manuel Bartlett muestra otra posibilidad: que los señalamientos permanezcan durante décadas sin convertirse en juicio.

Desde hace años se publica que Bartlett no puede ingresar a Estados Unidos y que la DEA lo considera una persona de interés por los acontecimientos relacionados con el secuestro y asesinato de Enrique “Kiki” Camarena en 1985.

Exagentes y testigos han formulado acusaciones. Sin embargo, no existe una imputación penal pública, una condena ni una confirmación oficial accesible que permita saber cuándo o bajo qué fundamento habría perdido su visa.

Por eso no puede afirmarse como hecho que Bartlett tenga prohibido pisar territorio estadounidense.

Su caso es una advertencia en ambos sentidos: una sospecha puede conservarse porque existe información que nunca alcanzó el estándar judicial, pero también puede utilizarse para destruir una reputación sin ofrecer al señalado la posibilidad de defenderse ante un tribunal.

Cuando la visa anticipa una condena y cuando sólo sirve para presionar

La experiencia internacional desmonta las respuestas absolutas.

Estados Unidos retiró en 2021 la visa a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, por presunta corrupción y narcotráfico. Posteriormente fue extraditado, declarado culpable y sentenciado a 45 años de prisión. Trump lo indultó en diciembre de 2025, pero el indulto no elimina la existencia del juicio y la condena.

En contraste, Washington retiró en 1996 la visa al presidente colombiano Ernesto Samper porque consideraba que el Cártel de Cali había financiado su campaña. Se comprobó que dinero del narcotráfico ingresó a ella, pero Samper afirmó que lo desconocía, fue absuelto por el Congreso colombiano y nunca recibió una condena personal.

En México, Roberto Sandoval, exgobernador de Nayarit, perdió la visa antes de que Estados Unidos lo señalara públicamente por corrupción y presuntos sobornos del narcotráfico. Posteriormente fue condenado en México por falsificación de documentos. En Panamá, Ricardo Martinelli fue declarado inelegible para recibir visa por corrupción y después condenado por lavado de dinero.

Pero en 2025, Washington también retiró la visa al expresidente costarricense y premio Nobel de la Paz Óscar Arias después de sus críticas a Trump y en medio de tensiones por la relación de Costa Rica con China. No apareció una acusación penal contra él.

La conclusión es incómoda: algunas veces Estados Unidos posee información que después llega a tribunales. Otras utiliza la visa como represalia política o herramienta geopolítica.

Ruffo: expediente real, distractor conveniente

En esta confrontación apareció Ernesto Ruffo Appel, el primer gobernador de oposición que derrotó al PRI y una figura histórica del PAN.

Ruffo fue detenido el 16 de julio de 2026 en Ensenada. Una semana después fue vinculado a proceso por delincuencia organizada, contrabando y delitos relacionados con hidrocarburos.

La FGR sostiene que una empresa de la que era accionista participó presuntamente en una red de huachicol fiscal que introducía combustible desde Estados Unidos declarando solamente una fracción del volumen real. Ruffo permanece en prisión preventiva en el Altiplano, pero no ha sido condenado y conserva su presunción de inocencia.

Su detención ocurrió antes de la carta de Andy. Por tanto, no puede afirmarse que el expediente fuera creado para distraer específicamente de la cancelación de esa visa.

Pero el caso Ruffo sí funciona políticamente como distractor y contrapeso narrativo frente al conjunto de señalamientos estadounidenses contra personajes de la 4T, independientemente de que la investigación sea auténtica.

Ruffo no es cualquier integrante del PAN. Fue el primer gobernador emanado de ese partido y el primer opositor que logró arrebatarle una entidad al PRI en 1989. Su figura simboliza el inicio de la alternancia.

Presentarlo como presunto integrante de una red de huachicol permite al oficialismo construir una narrativa poderosa: la oposición que se presenta como defensora de la legalidad también está relacionada con corrupción, contrabando y delincuencia organizada.

Eso puede ser cierto. La corrupción no pertenece exclusivamente a Morena, al PAN o al PRI. El expediente debe investigarse hasta sus últimas consecuencias.

Pero una investigación legítima también puede ser aprovechada políticamente.

Mientras Estados Unidos coloca bajo sospecha a figuras cercanas a Morena, la 4T puede exhibir a un personaje emblemático de la oposición. No necesariamente para desmentir los casos estadounidenses, sino para cambiar la conversación: de “¿qué investiga Washington sobre políticos de Morena?” a “¿quién operaba el huachicol fiscal desde el PAN?”.

Una investigación no cancela la otra.

La posible culpabilidad de Ruffo no demostraría la inocencia de Andy, Marina del Pilar o Rocha. Del mismo modo, los señalamientos contra la 4T no vuelven inocente al exgobernador panista.

La prueba será observar hasta dónde llega el caso.

¿La investigación alcanzará a empresarios, agentes aduanales, compañías estadounidenses, mandos militares y funcionarios de las administraciones actuales? ¿O se detendrá en un exgobernador panista que ofrece una victoria política inmediata?

La justicia cambia según el apellido

Después de conocerse la cancelación de la visa de Andy, Claudia Sheinbaum calificó la medida como política, rechazó que por sí misma justificara abrir una investigación y exigió que Washington presentara pruebas si existían acusaciones.

Frente al expediente de Rocha Moya también cuestionó las motivaciones estadounidenses y sostuvo que México no actuaría sin revisar la evidencia conforme a sus propias leyes.

Ambas posiciones pueden defenderse jurídicamente. Una decisión migratoria no sustituye una investigación y una acusación extranjera debe someterse al procedimiento mexicano.

El problema aparece al compararlas con Genaro García Luna.

Morena utilizó su juicio como demostración de la corrupción del gobierno de Felipe Calderón. En ese caso existieron testigos, deliberación de un jurado, veredicto y una sentencia de 460 meses de prisión, dictada el 16 de octubre de 2024.

García Luna no puede equipararse jurídicamente con Andy. Uno está condenado y el otro únicamente perdió la visa.

Pero la doble vara política existe. Cuando Estados Unidos procesa a un adversario, su justicia se utiliza como bandera. Cuando señala a un integrante de la 4T, se denuncia una conspiración contra México.

También resulta contradictorio exigir afuera pruebas concluyentes cuando dentro del país se congelan cuentas, se filtran investigaciones, se utiliza prisión preventiva y se exhibe a ciudadanos antes de que exista sentencia.

México tiene derecho a exigir debido proceso. Lo que no puede hacer es aplicarlo dependiendo del partido del señalado.

La 4T no es México

Éste quizá sea el punto central.

Una investigación contra integrantes de Morena no es automáticamente una agresión contra México. Una visa revocada a un dirigente partidista tampoco constituye por sí misma una violación de nuestra soberanía.

La Presidencia representa al Estado mexicano. Morena representa a una fuerza política. Confundir ambas cosas permite presentar la defensa de determinadas personas como defensa de la nación.

El conflicto que observamos no necesariamente es entre Estados Unidos y México. Puede ser una disputa entre Washington y figuras pertenecientes a la estructura política de la 4T.

Tampoco debemos olvidar que Rubio y Landau representan al Gobierno de Trump, no a los tribunales estadounidenses. Sus decisiones políticas no equivalen a resoluciones judiciales.

Separar partido, gobierno, Estado y justicia es indispensable. De lo contrario, cada investigación contra un político será presentada como ataque al país y cada defensa de la soberanía terminará convertida en protección partidista.

¿Andy pierde o gana?

Si no aparece una acusación contra Andy, la cancelación podría fortalecerlo.

Podrá presentarse como víctima de una persecución extranjera y heredero del discurso soberanista de su padre. Su carta lo colocó en el centro de la conversación nacional y le proporcionó exposición rumbo a 2027.

Estados Unidos podría terminar haciendo más visible al político que pretendía presionar.

Pero si después aparecen sanciones financieras, testimonios o un expediente judicial, la carta podría convertirse en un grave error. Andy decidió llevar un trámite confidencial al terreno público y desafiar directamente a funcionarios que probablemente conocen más información que la disponible en México.

Hoy no sabemos cuál escenario es el verdadero.

Lo que conocemos es la secuencia: más de 50 visas presuntamente revocadas; Marina del Pilar sin explicación pública; Rocha primero sin visa y después acusado; dos antiguos integrantes de su gabinete bajo custodia estadounidense; el Mayo sentenciado; el T-MEC sin renovación de largo plazo; Ruffo detenido en México; Andy confrontando a Trump y Landau invitando a rellenar las palomitas.

No todos estos acontecimientos tienen necesariamente una coordinación común. Pero su secuencia y su aprovechamiento político tampoco pueden analizarse como simples coincidencias.

¿Qué veremos ahora?

La pregunta ya no es únicamente qué sabe Washington. También debemos preguntarnos qué veremos durante las próximas semanas para desplazar la conversación.

¿Una nueva detención contra integrantes de la oposición? ¿La reapertura de expedientes guardados durante años? ¿Filtraciones, audios, videos o investigaciones que permitan responder a cada señalamiento contra Morena con un escándalo del PAN o del PRI?

Eso no significa que los nuevos casos sean falsos. Significa que la justicia también tiene calendario, estrategia de comunicación y utilidad política.

Una visa cancelada no es una sentencia. Una detención tampoco es una condena. Pero ninguna debe utilizarse para ocultar la otra.

Estados Unidos debe demostrar ante tribunales aquello que pretenda convertir en acusación. México debe investigar con seriedad, aunque los nombres pertenezcan al partido gobernante. Y la opinión pública debe negarse a elegir entre la propaganda estadounidense y la propaganda de la 4T.

La pregunta no es si Andy puede entrar a Estados Unidos. La pregunta es qué sabe Washington, qué puede probar y cuánto de esa información está utilizando para presionar a México.

Y también qué hará la 4T para evitar que los mexicanos sigamos formulando esa pregunta.

Pero a mí nadie me preguntó.

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