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Covers ¿homenaje, flojera o falta de ideas?

Las letras de Antonio Cano.

Covers ¿homenaje, flojera o falta de ideas?

Columna de Opinión - Antonio Cano.

IA.

¿Qué es el cover dentro de la música?, ¿es arte el negocio de reciclar canciones?

El cover es un extraño ente que a veces uno no sabe para qué existe. En apariencia el cover pretende llegar a un público acostumbrado a una versión original con la que se “casó” y la llegada de un una nueva, poco o nada va a lograr en la melomanía de nadie; ejemplo, el típico bossa nova que no es más que “nuevas” versiones berreadas por una cantante que lo que menos tiene es feeling para cantarlas. Qué soporífero es llegar a un evento sonorizado con esa basura. Perdónenme, ese “género” queda descartado por chafa.


Hubo un tiempo en que versionar una canción era como un rito de iniciación o un gesto de respeto supremo. Hoy, al abrir cualquier plataforma uno se topa con música contemporánea que sufre de un déjà vu crónico que no es precisamente ese bossaburrido ya mencionado, pero son piezas que luego de escuchar entre las interpolaciones y los covers directos, uno termina preguntándose si se está celebrando el pasado o si simplemente les da flojera hacer nuevas y buenas rolas.

Mejor nadota, gracias.

El gancho de la nostalgia: Jugar sobre seguro

Cuando una banda del pasado reaparece en escena y anuncia nuevo material o gira o covers propios no está buscando llegar a un público nuevo, busca llegar a esos viejos seguidores que destruían sus gargantas coreando de jóvenes sus canciones.

La nostalgia vende. Eso es distinto.

Hacer un cover no es pecado siempre que no se tome demasiado en serio; la historia de la música pop está construida sobre cimientos prestados, cierto, pero el problema actual es la intención. Cuando el mercado se satura se cae en otro riesgo: Apostar por una melodía que el cerebro del público ya ama no siempre es un riesgo, puede ser una garantía financiera y probablemente éste sea un buen ejemplo de eso: Miley Cyrus interpreta Nothing Else Matters, de Metallica.

En honor a la verdad es una gran interpretación, si una voz femenina debía interpretar este clásico de Metallica era la poderosa voz de Miley, sin embargo, esta gran interpretación casi pasó de noche, pero su versión de Heart of Glass de Blondie tuvo mejor suerte.

Claro, estamos hablando de Miley Cyrus quien no tiene un pelo de floja o tonta. Con Heart of Glass, tomó un clásico del new wave, le inyectó su ruda energía rockera y demostró una potencia vocal brutal. Eso es un homenaje vivo y de paso le mostró a la Generación Z lo que es música de verdad, a los Millenials los sorprendió alguien de su propia generación y a los de la X, se dio el gusto de mostrarles frente a sus arrugadas caras que hay vida más allá de los himnos originales.

Pero no todo es tan afortunado.

¿Y qué hay con las canciones en nuestro idioma?

En nuestra lengua, el cover tiene un peso gigantesco. Si hablamos de maestros de la reinterpretación, es imprescindible citar a Enrique Bunbury. A lo largo de su carrera, tanto con Héroes del Silencio como en solitario, ha sabido hacer suyas piezas ajenas. Con su versión de Frente a Frente, un clásico ochentero de Jeanette, Bunbury transforma junto a Mirén Iza una balada melancólica en un vals oscuro, teatral y gótico, y para colmo reforzado con un video perturbador y hasta tenebroso, eso sí, extraordinariamente atractivo.

En muchos casos a la música regional mexicana y al pop latino actual no les queda más remedio que recurrir a hacer covers porque si no, no la arman. Reiteramos, no es pecado, el pecado es creer que mejoraron algo y desafortunadamente en todos los casos los arreglos estridentes de la banda regional nomás no van con canciones que fueron creadas para otro sonido mucho más armónico. En este terreno, rara vez el cover funciona como muestra de que una composición puede estirarse sin romperse y que puede sonar igual de buena con guitarras eléctricas que con un acordeón y un bajo sexto.

No siempre es así, mejor dicho, nunca es así.

Tampoco el pop se salva.

Se han hecho acoplados de covers (dicen ellos que homenajes… homenaje$) de José José y de Soda Stereo con arreglos de otros artistas… disculpen, es hasta grotesco los haga quien los haga. Hay canciones y artistas que no deben ser manoseados por nadie. Por respeto no comparto liga de ningún ejemplo citado.

Entonces, ¿en qué quedamos?

La respuesta no es monolítica. Hacer un cover se convierte en homenaje cuando el artista aporta una perspectiva fresca, cuando desnuda la canción para mostrar su esencia o la viste con ropa completamente nueva. Es un diálogo respetuoso entre épocas y no se lo toma demasiado en serio.

Se convierte en flojera (o puro negocio cínico) cuando se copia el tema nota por nota, usando la misma estructura y sólo cambiando la voz por la del artista -o influencer- de moda para asegurar clicks en las plataformas de streaming. Eso no es crear, es clonar, es robar y de paso hasta joder la obra.

Y hay una tercer opción: la supervivencia en la era del algoritmo (diablos, otra vez eso). Hoy en día, capturar la atención de un oyente toma menos de cinco segundos. Si se le da algo desconocido, se va a la siguiente pista; si se le da un acorde familiar que detone dopamina inmediata por pura nostalgia, se queda. Los covers, a veces, pueden ser el salvavidas de una industria que tiene pánico al riesgo, pero también demasiado amor al dinero.

El cover muy difícilmente trascenderá a la historia, cuando mucho quedará como ruido de fondo o música de elevador diseñada para hacernos recordar que, al menos en el pasado, alguien sí se sentó a escribir una gran canción.

Le pregunto a mis dos lectores, ¿cover sí, o cover no?

Hasta el próximo vicio...

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