El fútbol venía en ascenso cuando en 1938 se celebró el Mundial en Francia. Todo apuntaba a que el torneo seguiría creciendo, con más países interesados en organizarlo y una afición cada vez más global.
Pero en 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial y cambió por completo el rumbo. Las prioridades del mundo dejaron de estar en los estadios y se trasladaron al campo de batalla, haciendo imposible cualquier planificación deportiva.
Sedes que nunca existieron: el Mundial que se quedó en promesa
Para 1942, la Copa Mundial de la FIFA tenía varios países interesados en ser anfitriones, pero ninguno fue confirmado. Brasil lideraba la carrera con una propuesta sólida, mientras que Alemania también buscaba organizarlo, pese al complejo contexto político. Argentina, por su parte, aspiraba a quedarse con la sede.
Sin embargo, la guerra avanzó más rápido que cualquier candidatura. El proceso se detuvo por completo y el torneo quedó cancelado sin que se anunciara un país anfitrión.
1946: el Mundial que ni siquiera se intentó
A diferencia de 1942, el Mundial de 1946 ni siquiera entró en fase de organización. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el panorama global era devastador: ciudades destruidas, economías debilitadas y millones de personas en proceso de reconstruir sus vidas.
La FIFA optó por no convocar a ningún país ni iniciar el proceso. Simplemente no había condiciones para un evento de esa magnitud, en un contexto donde gran parte del mundo seguía devastado, con infraestructuras colapsadas, economías debilitadas y millones de personas enfocadas en la reconstrucción más que en la celebración deportiva.
El regreso del balón
La Copa Mundial de la FIFA volvió hasta 1950, con Brasil como sede, retomando en parte la intención que ya existía antes del conflicto. No fue una decisión casual: desde antes de la Segunda Guerra Mundial, el país sudamericano ya había mostrado interés en organizar el torneo de 1942, por lo que la FIFA optó por darle prioridad una vez que el mundo comenzó a estabilizarse.
Así, 1942 y 1946 quedaron como capítulos vacíos en la historia del fútbol: dos Mundiales sin sede, sin partidos y sin campeón, marcados por una guerra que silenció incluso al deporte más popular del planeta.












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