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Juana: Nuestra realidad y nuestro cine mexicano

De la tinta de Andrés Garza.

Cartoon man in 3D glasses at a cinema, with audience and screen in background.

De la tinta de Andrés Garza.

IA
Cartoon man in 3D glasses at a cinema, with audience and screen in background.

No es complicado identificar que desde inicios de este siglo ha existido un delimitado patrón dentro de los tópicos tratados en el cine nacional, en los cuales predomina la violencia. Ya sea en un sentido sistémico o más específico, y tratado de manera gráfica o subtextual, invariablemente lo violento ha predominado en la hechura del cine en México ya desde hace varios años. Pienso que quizás, esto obedece a una igualmente creciente normalización de la violencia debido a su constante presencia en la vida diaria de nosotros los mexicanos. El poeta Palestino Marwan Makhoul explicó maravillosamente un fenómeno similar al nuestro cuando escribió un poema en el 2023, después publicado por The Atlantic que entre sus versos contenía el siguiente fragmento:

"Para escribir una poesía que no sea política,
debo escuchar a los pájaros.
Y para escuchar a los pájaros,
hace falta que los aviones de guerra
necesiten silencio."



Two women embrace tightly, with one appearing emotional and tearful. Juana es la ópera prima del actor Daniel Giménez Cacho Chilango

Así podemos entender el porqué del paulatino aumento de la preferencia por temas escabrosos en las narrativas dentro del país. Si es la realidad que nos rodea, entonces es, en ocasiones, difícil ignorarla y por lo tanto no tener la necesidad de hablar de ella y de que surjan inquietudes a su alrededor. Sumándole a esto, se tiene que considerar el efecto Amores Perros. Producto del 25 aniversario de la película de Alejandro González Iñarritu, un debate se generó en redes sociales y círculos cinéfilos discutiendo su supuesta importancia para el cine mexicano del siglo XX1, pero también su influencia negativa respecto a dos cosas, la ya mencionada burda representación de la violencia en sus distintas formas, y de su búsqueda por un lenguaje y un armado formal alejado de la idiosincrasia nacional, y más apegada al Hollywood moderno. Y, enaltecido por la celebración extranjera, el reconocimiento público promueve todavía más que los cineastas locales de corte no-comercial busquen explorar estas narrativas para buscar su éxito crítico en, principalmente, Europa y Estados Unidos. Basta con echarle un ojo a las películas mexicanas nominadas, ganadoras de premios, o simplemente alabadas fuera (y en ocasiones dentro) del país después de la ópera prima del Negro: El infierno, Sin señas particulares, Roma, La región salvaje, Las elegidas, Noche de fuego, Sujo, Vuelven, La jaula de oro, Tempestad, La Civil, Heli, Tempestad, Nuevo Orden, Miss Bala, y una larguísima lista de más cine que toma la violencia como eje central o por lo menos la considera importante en su perfiera narrativa.

La crítica no pasa enteramente por la calidad de dichas películas —considero que las hay muy buenas en la lista anterior— sino por el desarrollo de un tema en común que parece ser inevitable dentro de nuestros relatos como pueblo. Y a pesar de que existen unas cuantas excepciones dentro del cine de autor que ha logrado entrar en la conversación de cierto público o que ha gozado de algo de reconocimiento internacional como Tótem, Temporada de patos, Museo, Sueño en otro idioma, Ya no estoy aquí, y algunas cuantas otras, no son la norma sino la escasa excepción a la temática común para el cine mexicano. A la lista de películas que son afines a la violencia ahora se suma el debut directorial de Daniel Giménez Cacho, Juana. Película con fecha de estreno el próximo 16 de abril y que tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Morelia en octubre del año pasado, recibiendo críticas mixtas inclinándose ligeramente hacia lo positivo.

Man in black hat holds gun to another man's head in a dimly lit scene. La tetralogía de Estrada es de las películas más populares y reconocibles del país. Google Play

La cinta, escrita por la española Emma Beltrán, cuenta la historia de su protagonista homónima, una periodista que retoma una investigación sobre una red de feminicidios, a la par que intenta superar la traumática relación con su padre y sobrelleva, junto con su hermano, el complicado estado de Alzheimer de su anciana madre.

Más allá de la opinión que me merezca la película, me pareció interesante que todavía se hable de estos temas en el cine nacional, inquietud que muestro en los primeros párrafos de esta columna. Me llamó la atención también, que en la conferencia de prensa con los creadores de la película después de su proyección, Regina Solórzano, productora, mencionó que esta historia le parecía relevante para contarse ahora porque el tema de los feminicidios en México ya estaba siendo tema pasado.

Mi ignorancia respecto a coyuntura nacional no me permite opinar en materia política, si lo puedo intentar hacer en cuestión fílmica. Y por lo menos en esa arena, el tema de la violencia de género (y violencia en general), parece más presente que nunca. Apenas los dos años anteriores Sujo, Jonna, Llamarse Olimpia, Desaparecer por completo, Arillo de hombre muerto son algunas de las películas que tocan o que giran alrededor de dicho tema, sin mencionar todas las que han existido en la última década. Aún así, la producción de Juana al parecer considera que no es suficiente conversación alrededor de. Su postura me dejó pensando si es verdad esto. Si la violencia nos ha rebasado hasta tal punto que más arte tendría que abordarla y enfrentarla todavía más de lo que ya lo hace, o si alejarse de ella sería refrescante para la sociedad mexicana, de por sí muy lacerada ya.

O tal vez se deriva de un hambre insaciable de ver nuestra mísera realidad reflejada, contrario a la etiqueta de escape que muchos otros le asignan al cine. Quizás ya existe demasiada violencia en el cine mexicano, o quizás la suficiente. En mi opinión, esta podría combatirse al ignorarla, y no dejarla dictar nuestras narrativas tan contundentemente, porque el país se puede definir desde muchos otros sitios. Pero, de lo que cada vez sí me convenzo más, es que parece haberse vuelto inevitable para la creación artística. En México todo lo toca la violencia.

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