La Ciudad de México enfrenta un problema tan antiguo como creciente: el hundimiento del suelo, conocido como subsidencia. Este fenómeno ocurre principalmente por la sobreexplotación de los acuíferos, ya que al extraer agua, los sedimentos pierden soporte y se compactan, provocando que la superficie descienda.
Aunque no es nuevo, hay registros desde 1925, hoy el fenómeno se observa con mayor precisión gracias a la misión satelital NISAR, desarrollada por la NASA y la agencia espacial india ISRO. Esta tecnología permite medir deformaciones del terreno casi en tiempo real.
Un hundimiento que no se detiene
Datos recientes de la NASA, demuestran que algunas zonas de la capital se hunden más de 2 centímetros al mes. En décadas pasadas, incluso se registraron descensos de hasta 40 centímetros por año, lo que evidencia la gravedad del problema.
No hay que olvidar que la Ciudad de México fue construida sobre el antiguo lago de Texcoco, lo que la hace especialmente vulnerable. Las arcillas del subsuelo, al perder humedad, se compactan de forma irreversible, generando deformaciones constantes.

Daños millonarios y riesgos crecientes
El impacto va más allá del terreno. La subsidencia provoca fracturas en calles, edificios y tuberías, con pérdidas estimadas en más de 67 mil millones de pesos al año, además de generar daños estructurales progresivos que encarecen el mantenimiento urbano y ponen en riesgo zonas habitacionales completas.
Además, incrementa el riesgo de inundaciones, altera la respuesta sísmica del suelo y afecta la calidad del agua. El crecimiento urbano también agrava el problema, ya que impide la recarga natural de los acuíferos.
Aunque no hay forma de revertir el hundimiento, especialistas coinciden en que sí es posible reducir sus efectos mediante una mejor gestión del agua. Mientras tanto, el monitoreo satelital se convierte en una herramienta clave para anticipar riesgos en una ciudad que, literalmente, sigue descendiendo.
Finalmente, la tecnología detrás del satélite NISAR de la NASA, basada en interferometría radar, permite detectar desplazamientos de apenas milímetros, lo que abre la puerta a sistemas de alerta temprana. Más que un mapa, se trata de una herramienta clave para enfrentar uno de los desafíos más silenciosos y peligrosos de la capital mexicana.















Luisa Ortega 
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