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Héctor Cruz: legado vivo del muralismo mexicano

En el aniversario de su nacimiento, el próximo 2 de julio, recordamos la trayectoria del artista que trabajó junto a Diego Rivera y que, con más de siete décadas de creación, mantiene vivo el legado del muralismo mexicano.

Héctor Cruz García maestro muralista mexicano
Luisa Ortega | Tele Urban

Cada 2 de julio representa una oportunidad para reconocer la trayectoria del maestro Héctor Cruz García, uno de los muralistas contemporáneos más importantes de México, cuya obra ha contribuido a mantener vigente la tradición del muralismo nacional y a enriquecer el patrimonio artístico del país.

Con más de setenta años dedicados al arte, Héctor Cruz ha construido una obra integrada por murales monumentales, óleos, esculturas y obra de caballete que hoy forman parte del patrimonio cultural de México. Su trabajo ha sido exhibido en importantes espacios nacionales e internacionales y se distingue por una profunda interpretación del paisaje mexicano, la luz y la naturaleza como elementos de identidad.


Su historia artística comenzó desde muy temprana edad. Cuando aún cursaba la primaria, la maestra Manuelita Cabrer descubrió su talento y lo impulsó a ingresar a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, donde inició su formación profesional bajo la guía del maestro Enrique Asad.

Aquellos primeros años marcaron el rumbo de una carrera que poco después lo llevaría a convivir y trabajar con algunas de las figuras más importantes del arte mexicano.

Junto a Diego Rivera

Siendo apenas un joven artista, Héctor Cruz participó en los trabajos del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, experiencia que le permitió colaborar con Diego Rivera y presenciar uno de los episodios más recordados de la historia del muralismo mexicano: la polémica provocada por la frase “Dios no existe”, atribuida a Ignacio Ramírez “El Nigromante”, que Rivera decidió retirar después de las manifestaciones que generó.

Su formación también estuvo acompañada por artistas como Juan O’Gorman, y Roberto Cueva del Río, con quien colaboró en los murales sobre la historia del Valle del Mezquital.

Fue precisamente durante esos recorridos cuando descubrió el paisaje que años más tarde se convertiría en el sello distintivo de toda su producción artística.

“Gracias a ese proyecto descubrí un paisaje que terminó convirtiéndose en una de mis mayores fuentes de inspiración.”

El paisaje como una forma de entender México

Aunque su obra ha recorrido museos y galerías de México, Estados Unidos y Europa, Héctor Cruz asegura que el verdadero protagonista de su trabajo siempre ha sido el paisaje.

Más que reproducir montañas, valles o árboles, el artista ha buscado construir una visión poética de la naturaleza mexicana, donde la luz y el color expresan emociones y memoria.

Esta búsqueda dio origen a una de sus series más reconocidas: Génesis, nombre que surgió después de que el poeta Carlos Pellicer visitara su estudio y encontrara en aquellas pinturas una nueva forma de interpretar el paisaje nacional.

“Contemplar la naturaleza y plasmar su belleza es lo que verdaderamente alimenta mi espíritu.”

Un legado en los muros de México

Además de su extensa producción de caballete, Héctor Cruz ha desarrollado una importante obra mural.

Entre sus trabajos más representativos destacan los murales realizados para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, considerados por el propio artista como la culminación de su trayectoria dentro del muralismo.

La obra fue concebida con motivo de la llegada del año 2000 y realizada con materiales de alta resistencia para asegurar su permanencia durante generaciones.

“Creo que mi mayor legado está en el paisaje, aunque también en la pintura mural. Mi obra más importante son los murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.”

Más allá del artista

La influencia de Héctor Cruz trasciende los lienzos y los muros.

Ha sido profesor de La Esmeralda, la Academia de San Carlos, el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Universidad de Berkeley, de California. También presidió la Sociedad Mexicana de Artistas Plásticos, fundó el Consejo Mundial de Artistas Plásticos (COMAP) y participó en la creación del programa Pago en Especie, iniciativa que permite a los artistas contribuir al patrimonio cultural de México mediante la entrega de obra.

Su trayectoria también incluye la promoción de políticas culturales desde la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados y la organización de congresos internacionales para fortalecer la comunidad artística.

Un creador que nunca deja de pintar

A pesar de los reconocimientos, Héctor Cruz continúa trabajando todos los días.

Para él, la pintura no representa únicamente una profesión, sino una necesidad espiritual que ha acompañado toda su vida.

Su obra ha sido reconocida por personalidades como Carlos Pellicer, Cristina Pacheco y la crítica de arte Raquel Tibol, quienes encontraron en sus paisajes una propuesta estética profundamente mexicana.

En el aniversario de su nacimiento, el legado de Héctor Cruz permanece vivo en cada mural, en cada paisaje y en cada obra que ha dedicado a retratar la riqueza natural y cultural del país, consolidándolo como uno de los grandes representantes contemporáneos del muralismo mexicano.


Infograf\u00eda sobre el acervo art\u00edstico del maestro H\u00e9ctor Cruz Garc\u00eda Luisa Ortega | Tele Urban

Entrevista a Héctor Cruz: “El paisaje alimenta mi espíritu”

Con motivo de su aniversario de nacimiento, conversamos con el maestro Héctor Cruz sobre sus inicios, su encuentro con Diego Rivera, la inspiración detrás de su obra y el legado que ha construido durante más de siete décadas dedicadas al arte.

–¿Cuándo comenzó su carrera como pintor?

Mis primeros pasos en la pintura los di gracias a la maestra Manuelita Cabrer. Ella prácticamente me adoptó al terminar la primaria, después de descubrir mi talento cuando estudiaba en la escuela Juan Vélez Vargas, en la calle de Zaragoza. Fue quien me inscribió en La Esmeralda y me abrió las puertas del arte.

Conservo como verdaderos tesoros los primeros trabajos que realicé con ella. También guardo las primeras acuarelas que pinté al ingresar a La Esmeralda con el maestro Enrique Asad, quien fue mi primer maestro de pintura.

–¿Tuvo la oportunidad de conocer a Diego Rivera?

Sí, y fue una experiencia extraordinaria. Siendo muy joven participé en los trabajos del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. Viví de cerca la polémica que provocó la frase “Dios no existe”, atribuida a Ignacio Ramírez “El Nigromante”, que Diego Rivera incluyó en el mural y que posteriormente decidió eliminar.

También tuve la fortuna de conocer a Juan O’Gorman y de colaborar con Roberto Cueva del Río en los murales sobre la historia del Valle del Mezquital. Gracias a ese proyecto descubrí un paisaje que terminó convirtiéndose en una de mis mayores fuentes de inspiración.

–¿Hasta dónde ha llegado la obra de Héctor Cruz?

He realizado numerosas exposiciones en el Palacio de Bellas Artes y mi trabajo ha llegado a Estados Unidos y diversos países de Europa.

Sin embargo, el paisaje ha sido siempre el centro de mi obra. Contemplar la naturaleza y plasmar su belleza es lo que verdaderamente alimenta mi espíritu.

A esa visión la llamé Génesis, un nombre que me sugirió el gran poeta Carlos Pellicer cuando visitó mi casa. Me dijo: “Héctor, tus paisajes son el Génesis.” En ese momento no comprendí del todo sus palabras, pero después entendí que veía en mi obra una nueva manera de interpretar el paisaje mexicano. Más adelante tuve la oportunidad de rendirle homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

–¿Cuál considera que ha sido su principal aportación a la pintura mexicana?

Creo que mi mayor legado está en el paisaje, aunque también en la pintura mural. Mi obra más importante son los murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Fue un enorme privilegio realizarlos. La oportunidad surgió gracias a la recomendación del entonces secretario de Educación Pública, Miguel Limón Rojas, y al respaldo del presidente Ernesto Zedillo, quien decidió obsequiar esta obra a la Suprema Corte con motivo de la llegada del año 2000.

–¿Cómo observa el panorama actual de la pintura en México?

México posee una enorme riqueza artística. No solamente en la pintura, sino también en la música, la poesía y todas las manifestaciones culturales.

Algo que me entusiasma especialmente es el arte urbano. Cada vez que camino por las calles descubro nuevos murales y encuentro un talento extraordinario. Los mexicanos tenemos una creatividad que incluso extranjeros me han señalado. Recuerdo que un canadiense me decía: “No sé qué tienen los mexicanos, pero poseen un talento maravilloso.”

–¿Qué nos puede contar sobre el maestro Héctor Cruz?

A estas alturas de mi vida podría contar innumerables historias sobre mi formación y mi trayectoria.

Además de pintar, fui presidente de la Sociedad Mexicana de Artistas Plásticos, impulsé la creación del Consejo Mundial de Artistas Plásticos y organicé congresos nacionales e internacionales, especialmente en Sudamérica, siempre con el propósito de fortalecer el arte y a los artistas.

–¿Qué inspira su obra?

Todo lo que nos rodea. Las personas, las calles, los objetos y, sobre todo, el paisaje. La inspiración está presente en la vida cotidiana; sólo hay que detenerse a observar.

–¿Cómo es su proceso creativo?

Siempre estoy pintando porque los colores, las pinceladas y la imaginación forman parte de mi vida. Pintar alimenta mi espíritu.

Comencé retratando escenas de la realidad: los mercados de La Merced, la gente trabajadora y los paisajes urbanos. Todo eso también ha quedado reflejado en mis murales.

–¿Cómo elige la técnica con la que trabaja?

Ha sido un proceso muy intuitivo. Como alguna vez dijo Cristina Pacheco, yo me dejo llevar por el pincel.

Cuando pinto un paisaje me entrego completamente a la naturaleza. En cambio, la pintura mural exige una preparación distinta: estudiar historia, investigar y construir una narrativa visual mucho más compleja.

–Además de pintor, usted es muralista, escultor y artista plástico. ¿Qué disfruta más hacer?

Disfruto pintar todo lo que tengo enfrente. Me apasionan los retratos; he pintado a mis hijas, a mi esposa y a muchas personas cercanas. Nunca estoy quieto. Siempre necesito crear. Además de mi familia, la pintura es una de las grandes razones de mi existencia.

–¿Cómo ha evolucionado su trabajo a lo largo de los años?

Cada tema exige una paleta distinta. No es igual pintar un paisaje al amanecer que al mediodía o durante la noche. Los retratos también requieren una enorme sensibilidad para interpretar el color.

He trabajado con acuarela, acrílico y óleo, aunque este último se convirtió en mi técnica predilecta.

Además de mi trabajo artístico, fui maestro en La Esmeralda, la Academia de San Carlos, el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Universidad de Berkeley, en California.

También participé en la creación del programa Pago en Especie y fundé el Consejo Mundial de Artistas Plásticos. Siempre he buscado trabajar por el arte y por los artistas.

No puedo vivir sin pintar; es una necesidad espiritual.

–De toda su producción artística, ¿tiene una obra favorita?

Todas lo son.

En cada una entrego la misma pasión, el mismo entusiasmo y el mismo espíritu. Cada obra representa una parte de mí, por eso sería imposible elegir sólo una.

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