El Popocatépetl sigue siendo uno de los volcanes más monitoreados de América y una prioridad para la comunidad científica mexicana. Aunque sus emisiones forman parte de un proceso natural, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que existen varios factores que lo convierten en un volcán de alto riesgo, motivo por el que permanece bajo observación las 24 horas del día.
Desde su reactivación en diciembre de 1994, el coloso ha sido objeto de estudios permanentes por parte de especialistas del Instituto de Geofísica de la UNAM y del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), quienes emplean tecnología especializada para detectar cualquier cambio en su comportamiento y emitir información oportuna a las autoridades.
¿Por qué la UNAM considera al Popocatépetl un volcán de alto riesgo?
De acuerdo con investigadores de la UNAM, uno de los principales factores de riesgo es su proximidad con zonas densamente pobladas. Se estima que más de 25 millones de personas viven en un radio aproximado de 100 kilómetros alrededor del volcán, incluyendo habitantes de la Ciudad de México, Estado de México, Puebla, Morelos y Tlaxcala.
A ello se suma que el Popocatépetl mantiene una actividad prácticamente continua desde hace tres décadas. Exhalaciones, emisiones de gases, explosiones moderadas, expulsión de fragmentos incandescentes y caída de ceniza forman parte de un comportamiento que obliga a mantener una vigilancia permanente.
Otro aspecto que preocupa a los especialistas es el tipo de magma que alimenta al volcán. Al ser altamente viscoso, favorece la acumulación de presión dentro del conducto volcánico, lo que puede originar explosiones de gran energía cuando los gases encuentran una vía de escape.
Los investigadores también recuerdan que el Popocatépetl ha registrado erupciones importantes a lo largo de su historia geológica, por lo que su actividad actual se analiza con base en décadas de investigaciones científicas y en el monitoreo constante de sus procesos internos.
Así vigilan científicos de la UNAM al Popocatépetl las 24 horas
Para conocer el estado del volcán en tiempo real, especialistas operan una amplia red de monitoreo instalada alrededor del Popocatépetl. El sistema integra estaciones sísmicas, equipos GPS de alta precisión, cámaras de vigilancia, sensores para medir emisiones de gases volcánicos, instrumentos que detectan deformaciones del terreno y análisis continuos de ceniza. Toda esta información permite comprender la evolución del volcán y detectar oportunamente señales que indiquen cambios en su actividad.
Además del monitoreo instrumental, investigadores realizan recorridos de campo para estudiar los depósitos volcánicos, evaluar los materiales expulsados y mejorar los modelos de riesgo que sirven de apoyo a Protección Civil.
La vigilancia científica busca reducir riesgos, no predecir una erupción
Los especialistas subrayan que la ciencia no puede establecer con exactitud cuándo ocurrirá una gran erupción, pero sí identificar cambios relevantes que permitan emitir alertas tempranas y fortalecer las acciones preventivas.
Después de más de 30 años de monitoreo ininterrumpido, la colaboración entre la UNAM y el Cenapred ha permitido consolidar uno de los sistemas de vigilancia volcánica más completos de América Latina, considerado fundamental para proteger a millones de personas que viven cerca del Popocatépetl.
Las autoridades reiteran que la población debe mantenerse informada únicamente a través de los reportes oficiales y respetar el radio de seguridad alrededor del cráter del Popocatépetl, ya que el comportamiento del volcán puede cambiar en cualquier momento y continúa siendo objeto de seguimiento permanente por parte de la comunidad científica.








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