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1 de Septiembre de 2026

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Diez años sin Juanga

Escrito por Antonio Cano.

Se cumplen 10 años sin Juan Gabriel en el plano terrenal

Antonio Cano comenta sobre Juan Gabriel en su columna de esta semana

Creada con IA por Tele Urban

Juan Gabriel fue uno de esos personajes que hasta antes del 2016 nadie lo habría imaginado muerto, era de los que daban la impresión de siempre haber estado ahí y de que siempre estaría ahí, que los mortales éramos otros. Pero no, si algo nos pone democráticamente a todos en el mismo lugar y nos iguala sin importar cuánto dinero, poder, salud o fama se tengan, es la muerte, no hay falla en eso.

En lo personal recuerdo ese domingo, todo iba normal en un típico día familiar cuando en uno de esos odiosos reflejos de tomar el teléfono para “ver qué había”, la noticia me abofeteó: Las redes habían enloquecido, aquel 28 de agosto de 2016, Juan Gabriel había muerto.


Y ya pasaron diez años…

Una década sin el "Divo de Juárez" no enfrió su recuerdo, al contrario, lo ha confirmado en ese altar donde descansan ésos que nos hicieron sentirlos nuestros. México y la música en español le lloraron hace diez años y su muerte dolió como con pocos personajes. Hoy lo celebramos con veneración y el agradecimiento por su vasta obra musical. En su 10º aniversario, cientos de fans se dieron cita en la estatua suya en Garibaldi para expresarle que en espíritu y música, sigue aquí.

Para entender la dimensión de su legado, baste con repasar su biografía que parece sacada de una novela. Nacido en Parácuaro, Michoacán en 1950 y formado entre las carencias y la disciplina de un internado en Ciudad Juárez, el joven Alberto Aguilera Valadez enfrentó la adversidad con la única arma que tenía: una intuición musical que se da una vez cada 100 años. Tras picar piedra en centros nocturnos bajo el seudónimo de Adán Luna, y hasta haber padecido prisión, por fin en 1971 emergió como Juan Gabriel lanzando No Tengo Dinero.


Después de esta incursión, lo demás es historia. Compuso más de 1,800 canciones, vendió decenas de millones de discos y prestó su genio a voces fundamentales como Rocío Dúrcal, Isabel Pantoja o Lucha Villa.

Encasillarle como un fenómeno mediático sería un desacierto. Juan Gabriel es, sin competencia cercana, el compositor más importante de la música popular mexicana desde la época de oro fijada por Agustín Lara y José Alfredo Jiménez. Lara aportó la sofisticación bohemia del piano y José Alfredo tradujo el desgarro del pueblo en dolidos versos de cantina. Juan Gabriel hizo la síntesis perfecta: Tomó la épica del despecho, la mezcló con la soltura del pop moderno, y casi siempre con la del mariachi, y le inyectó una teatralidad lírica que profundizó muy hondo en el sentimiento.

El matemático que todos cantamos

Importante parte de la trascendencia musical de Juan Gabriel descansa en algo que pocas veces nos detenemos a pensar con la música: La arquitectura interna de sus canciones. Más allá del dramatismo con el que las interpretaba, la música de Juan Gabriel es matemáticamente perfecta.

Sin contar con una educación académica formal en teoría musical, Alberto Aguilera poseía un instinto natural para la simetría y la tensión armónica. Sus composiciones funcionan con la precisión de un mecanismo de relojería. Utilizaba estructuras de progresión armónica donde el ritmo de la métrica poética encajaba con milimétrica pulcritud en el tiempo musical. Tomemos como ejemplo lo que a mi parecer es una de las mejores canciones de Juan Gabriel, Querida. Esta canción utiliza una repetición anafórica del nombre como engrane principal que incrementa la presión rítmica compás a compás, acumulando una energía emotiva que resuelve de manera exacta en el momento de mayor exigencia vocal. Va de menos a más y aun siendo una canción de desamor, desboca en un ritmo que pone muy de buenas.


Otro caso de maestría estructural es Hasta que te Conocí. En esta pieza, el arreglo evoluciona desde un delicado inicio pop-balada hasta un volcán orquestal y de mariachi que sigue una curva de progresión matemática perfecta. No hay un sólo compás de más; cada modulador armónico está colocado en el segundo preciso para prolongar la catarsis del oyente. Revisitemos esta versión en Bellas Artes de 1990.


Juan Gabriel dominaba la resolución armónica de tal manera que sus canciones se instalaban en el cerebro humano como patrones inevitables. Sus melodías no se aprenden, se reconocen porque responden a una lógica métrica universal. ¿Cuántas veces se ha sorprendido a sí mismo, querido lector, cantando y siguiendo la letra de alguna canción de Juanga?

Porque ésa es otra. Juan Gabriel fue de esos artistas que aportó al menos una canción al soundtrack de vida de todos y cada uno de quienes hoy respiramos en este país. Piénselo.

Ahora recordemos una de las mejores canciones que hizo con su intérprete favorita, la española más mexicana, Rocío Dúrcal. Ese matemático corito del “¿No tienes nada-nada-nada-nada-nada-nada-nada-nada?”, es simplemente una delicia y además es otra canción de desamor -más bien es una discusión de pareja- que también pone muy de buenas. Déjame Vivir.

Bellas Artes

Esa genialidad técnica, combinada con una presencia escénica arrolladora, rompió barreras de clase y prejuicios sociales. En 1990, Juan Gabriel logró lo insólito al convertirse en el primer artista de extracción puramente popular y pop en presentarse en el Palacio de Bellas Artes. En un país donde la llamada "alta cultura" miraba de reojo al espectáculo masivo. El Divo abrió las puertas de Bellas Artes con la Orquesta Sinfónica Nacional a sus espaldas. Bailó, dirigió, bromeó y cantó durante tres horas memorables, consagrando la música del pueblo en el recinto más sagrado del Arte Mexicano. Bellas Artes dejó de ser un templo exclusivo para la élite y se convirtió en la casa de todos gracias a él, no una, sino tres veces: en 1990, 1997 y 2013. He aquí, el clásico por excelencia de Juan Gabriel, Amor Eterno de aquel memorable primer recital.


Decir "Juan Gabriel" es invocar una banda sonora colectiva. Es imposible recorrer la memoria emocional de varias generaciones sin toparse con sus himnos. Canciones como Amor Eterno se convirtieron en la plegaria definitiva frente al duelo; Así Fue, redefinió la balada de desamor con una emotiva elegancia narrativa; ¿Por qué me Haces Llorar? devolvió al mariachi una fuerza arrolladora; y El Noa Noa, transformó la nostalgia juvenil en un hito del baile festivo. Si no me creen, apreciemos este corte de la canción en su presentación en Bellas Artes en 2013.


A diez años de su partida física, el vacío que dejó no será llenado por nadie, esa genialidad, carisma y talento se ve cada siglo. La huella de Alberto Aguilera Valadez, Juan Gabriel, trasciende a su ausencia. Sigue vivo en las bodas, en los karaokes a medianoche, en los altavoces de los mercados, en las salas de conciertos donde sus partituras siguen ejecutándose y hasta en este humilde espacio que ha buscado recordarle con todo el agradecimiento y respeto que me permite la escritura.

No quiero terminar sin compartir esta adaptación al español que hizo a la canción de John Fogerty Have You Ever Seen the Rain, en la que logra un perfecto y matemático arreglo de este clásico del Folk gringo de 1970, a cargo de la propia banda de Fogerty, Creedence Clearwater Revival.


Vuelvo a disculparme por tratar de abarcar algo tan vasto en un espacio tan breve. Quedan un montón de cosas fuera como los muchos homenajes en vida y en muerte que se le han rendido; esta columna siempre quedará chica para hablar de un músico enorme como lo fue Juan Gabriel. Por otra parte, apreciable lector, si recorrió algunas de las canciones compartidas aquí y si al revisitarlas no se conmovió como para sentir al menos unas pequeñas ganas de llorar de emoción, es que entonces estimado lector, tiene usted corazón de piedra.

Hasta siempre Juan Gabriel… y hasta el próximo vicio.

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