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De la cadena, el joven de alma vieja

Escrito por Antonio Cano.

Man in hat with arms crossed, vintage-style singing scene in the background.

De la pluma de Antonio Cano

Creada con IA

En la ocasión anterior hablamos en este espacio sobre los covers en la música. Concluimos que su existencia fluctúa entre el homenaje, o el negocio y a veces la flojera. Los tres, son ámbitos muy diferentes en cuanto a sus objetivos y alcances, y difícilmente podrían tomarse muy en serio porque no dejan de ser copias de obras originales… a veces se rompe el molde.

Hagamos algo de historia con esto del cover y concretamente con lo que respecta a los clásicos de hace 60 ó 70 años.


Corría el esperanzador 1991, el muy joven Luis Miguel dejaba temporalmente el funky y el pop y en este año entrega Romance, un acoplado de temas de autores de los años 40, 50 y 60. Boleros clásicos que en la voz de aquel chavo de 20 años parecían una apuesta muy arriesgada por el tamaño de las canciones que se habían decidido para el disco. Pero había un ángel atrás de la consola, Armando Manzanero. ¿Qué podía salir mal?

Nada salió mal.

Aquel primer Romance abrió la puerta a otros tres, y con éstos, los jóvenes de la época conocieron grandes temas de antaño y alguno que otro nuevo con arreglos, que aunque eran muy de la época, no dejaban de tener ese sabor a antiguo. Desde ahí los boleros clásicos volvieron a la vida en la voz de alguien que los hizo renacer con dignidad. Otras generaciones conocieron la música de sus padres y abuelos y aquel joven, se acostó tranquilamente en los cuernos de la Luna. Recordemos Contigo en la Distancia, original del compositor cubano César Portillo de la Luz y editada en 1946 en esta versión de Luis Miguel.

¿Por qué estamos recordando esto?, porque hoy el bolero y todos esos subgéneros que van de su mano también han sido engullidos por la velocidad e indolencia de los algoritmos, parece que están condenados a morir junto al último viejo que aún los recuerda y ama…

… sólo parece…

Hoy tenemos a otro joven en la escena musical que se está encargando de mantener viva esa maravillosa memorabilia musical en medio de un mundo obsesionado con el odioso TikTok, los algoritmos predictivos y los ritmos sintéticos creados en una laptop (en el mejor de los casos). Rodrigo de la Cadena (n. 1988) quien se ha convertido en el fenómeno musical más atípico de México es, por decir lo menos, una anomalía extraordinaria. La generación de Rodrigo de la Cadena mira hacia el futuro digital, mientras él volvió en una máquina del tiempo reluciente como charol de piano para aterrizar en esa maravillosa época de María Grever, Agustín Lara, Consuelo Velázquez, José Antonio Méndez y tantos otros que nos llenarían este espacio con sólo mencionarlos.

Y no es que de la Cadena sólo cante boleros, el tipo vive en la frecuencia de la radio de bulbos de los que tiene una extensa colección en su casa que parece un museo. Como entusiasta coleccionista también da los buenos días a diario a fonógrafos, partituras descatalogadas y pianos como un Stainway de cola que ocupa casi la mitad de su inmensa sala. Y la joya de la corona -eso lo digo yo- es poseer en su colección uno de los vibráfonos que cantaba armónicamente con sus tubulares las 4 notas del identificativo clásico de la XEW desde los 30´s.

Rodrigo no es un imitador de museo o acumulador de nostalgia, es un arqueólogo de emociones musicales.

Su obsesión por rescatar el pasado no viene de la cursilería, sino de un profundo y riguroso respeto por la arquitectura de la canción romántica, de su herencia familiar y de haber crecido en un tiempo en el que el salvajismo de lo inmediato aún era discreto o inexistente.

Rodrigo de la Cadena sabe que un bolero bien construido tiene más durabilidad que cualquier éxito de temporada. Aquí canta en La Cueva, su piano-bar, en el que interpreta Cataclismo, del autor portorriqueño Esteban Taronji.

Pero no todo queda ahí. Quién sabe de dónde saca tanta energía, capacidad mental pero sobre todo tiempo, ya que también conduce un programa en el Canal Once, Noche Boleros y Son; conduce en ABC Radio El ABC de la Bohemia y Nuevamente Bolero y es director del Festival Mundial del Bolero, bueno, hasta se ganó en 2019 el Premio Nacional de Periodismo por su labor alrededor de la difusión del Bolero en medios de comunicación.

En noviembre de 2025, de la Cadena tuvo su prueba de fuego. El reto no era menor: Llevar el filin y la bohemia al Auditorio Nacional. Bajo el título Sinfonía de la Memoria y acompañado por la Orquesta Filarmónica de Xalapa, ofreció un recital en el que invocó a compositores que trascendieron a la vida dando por resultado diez mil almas en el recinto.

“No vengo de la industria, vengo del tiempo”, soltó esa noche desde el escenario. Su concierto funcionó como un monumental altar de muertos musical, donde las herramientas modernas sirvieron para reverenciar a los pilares de su formación musical: Lara, Grever, Carrillo, Manzanero. Con un piano blanco a la izquierda y una voz impecable que sabe cuándo reventar el aire y cuándo susurrar al oído, demostró que el bolero no estaba muerto, sólo esperaba que alguien dejara de tratarlo como una pieza de antigüedad y lo cantara con la urgencia y respeto que ya existe poco en el presente. Aquí un poco de aquel concierto en una grabación de Cine en Línea NeT.

Por si fuera poco, Rodrigo de la Cadena repetirá faena este próximo noviembre de 2026 con Sinfonía de la Memoria II, en el que ahora invocará a las almas de cantantes que ya tampoco están físicamente pero que la memoria musical jamás olvidó como José José entre otros.

Habrá que agradecer a alguien por este hombre que ha sabido no sólo revivir, sino también mantener invencible a un género que parecía condenado a quedar bajo llave en fonotecas y videotecas públicas y privadas, y tener un museo con piezas únicas de otro tiempo. Gracias por la Sinfonía de la Memoria II en noviembre y gracias por mostrarle al mundo que la música que es hermosa, nunca debe morir.

Rodrigo de la Cadena:

@rodrigodlcadena

Nos leemos en el próximo vicio.

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