Dentro de las maravillosas películas que uno puede descubrir gracias a festivales de cine alrededor del mundo, también se puede encontrar su contraparte: cintas que sería mejor dejar en casa y que en ocasiones resulta poco comprensible su selección a lado de muchas otras. Los premios Óscar suelen decantarse mucho más por la elección de las segundas. Muchas veces impulsadas por lobbying, o simplemente un gusto por lo mercadotécnicamente placentero y de escasa exigencia intelectual, por lo vacuo y apantallador, pero siempre exitoso frente a su público y crítica local. Ahora bien, hablemos de aquellas películas que, a mi parecer, podrían no recibir premios de ningún tipo, y no pasaría absolutamente nada. Películas que ya con estar entre las nominadas a esta edición de los premios de la Academia, constituyen un reconocimiento desproporcionado considerando su pobre hechura formal o conceptual.

La primera que me gustaría mencionar, por ser, quizás, la que me parece más incomprensible su presencia en la lista es Sirât de Oliver Laxe, largometraje que se me figura como poco menos que la Emilia Pérez de este año, en el sentido de la falta de responsabilidad con que el contexto sociopolítico del país en donde se desarrolla la película (más no de donde es originaria) es abordado —o mejor dicho, ignorado y utilizado— de manera neocolonialista por un foráneo que es, en el mejor caso, blanco e ignorante; o, en el peor, blanco y malintencionado. El filme, producido por nada más y nada menos que Pedro Almodóvar, está nominado a los Óscar de Mejor Sonido y de Mejor Película Internacional en representación de España, que decidió enviar una competidora que, incluso más allá de lo problemático y legitimador de su enfoque explotativo de la ocupación marroquí del Sahara, funciona casi completamente en servicio de una pornomiseria completamente vacía, anodina y muy mensa.
Una más con la que no comulgué con el resto del público en general respecto a su positiva recepción es Bugonia de Yorgos Lanthimos que me pareció una entrada más al cine de escaparate que se anexa a la filmografía reciente del director griego, que en pro de hacer un cine estéticamente atractivo y diferente, terminan por, sí crear imágenes que lucen elegantes y filosas, pero que detrás no tienen dientes. Lo crítico queda de lado para dejarle más espacio a las imágenes impactantes que algunas personas lo puedan utilizar como fondo de pantalla en sus dispositivos. En favor de lo cool, la película nominada a Mejor Película, Mejor Actriz (Emma Stone), Mejor Guión Adaptado y Mejor Música se abandona en la que podría ser una cruzada por el cuestionamiento mordaz frente a la destrucción ambiental y a la maldad corporativa. Me hace sentido su inclusión entre las nominadas porque los miembros de la Academia, y en general el círculo crítico de Hollywood se ha visto completamente encantado con el trabajo, en mi opinión, apantalla ilusos, que Lanthimos viene realizando desde su migración a la industria de Estados Unidos, perdiendo su interesante voz en el camino.

La tercera y última de mis menciones es más bien una entrada un poco obligatoria para cerrar la triada, y una oportunidad para hablar del inconcebible reconocimiento y alabanza crítica que ha recibido su directora desde hace algunos años. A pesar de que Hamnet de Chloé Zhao me parece una película adecuada para un domingo lluvioso de bajón para verse en pareja, no le encuentro la grandiosidad y belleza de la que hablan varios medios para describirla. Si tuviera que acudir a un adjetivo para la cinta que recibió múltiples nominaciones entre las cuales están Mejor Película, Mejor Directora, Mejor Actriz (Jessie Buckley) y Mejor Guión Adaptado, usaría la de linda. Tanto en sentido despectivo, como cualidad por igual. Perfectamente algo que se podría ver en el canal 5 por producción local de bajo presupuesto; sentimentaloide y barata, pero innegablemente efectiva. Vaya, sería omitir un detalle importante si no dijera que lloré al verla. En mi defensa, se puede colocar la canción de On the nature of daylight de Max Richter sobre un video de pasto creciendo y provocaría emociones importantes. Bueno, pero incluso más allá de ser bastante simplona pero algo bonita, la cinta de Zhao, que hace algunos años ganó el Óscar por una cosa completamente irredimible y soporífera, sigue estando varios niveles por encima de las antes mencionadas, sobre todo de la dirigida por Laxe; terrible y hasta indignante.
Pero ya, después de la bilis y mala ondita de la columna de esta semana, vendrá, el próximo jueves, como de costumbre, mi siguiente texto, donde habrá más alegría y júbilo al opinar, sobre lo mejor de la próxima 98º edición de los premios de la Academia.
















