A Través del Vaso con el Grupo Arranke en 2018 fue lo que dio inició al crecimiento musical de Carín León, tan veloz y vertiginoso fue que hoy 2026 ocupa el lugar de honor como principal representante del género regional…
¿Qué tiene este género musical que basa la mayoría de sus letras en borracherotas instigadas por el relajo o por el desamor o por ambos? ¿Ésta es nuestra cultura pop? Debe haber algo más. ¿No?
Seamos francos y no nos desgarremos las vestiduras. No hay que buscar demasiado para darnos cuenta de que la mayoría de las rolas del género tienen poco qué decir a no ser que se trate de tupirle duro al vidrio. Pensemos sólo un poco y por un momento en esto: Desamor, me empedo. Me late andar con mis cuates, muchos de ellos de la infancia, me empedo. Hago nuevos cuates, algunos de ellos con trocas, sí, me empedo. Me peleo con otro tipo, gane o pierda, me empedo (ambos son buenos pretextos). Me enamoro de la mujer prohibida, faltaba más, me empedo más brutalmente. La mayoría de los temas del género terminan con los protagonistas pegados a una montaña de botellas como si cada una de éstas fuera una nodriza de la que no se pueden zafar. Lo feo: Beber whisky en vasos de plástico. Chale.

Y está bien, al final de cuentas es una cultura pop muy nuestra, aunque los índices de alcoholismo crezcan cada año y que la edad de consumo cada vez sea más corta; claro, ahí entramos al terreno de la educación en casa y la culpa de las redes y sus retos idiotas, pero de eso no nos toca hablar aquí.
Luego llegó el tema que mandó a Carín a dimensiones verdaderamente delirantes y que ahora es infaltable en cualquier boda… y sí, en cualquier peda. La Boda del Huitlacoche.
Y déjenme decirles que esta canción es tan genial que hace una especie de fábula de cuento fantástico que ya hubiera querido Cri Cri, en la que uno se imagina a los animalitos en tremendo fiestón -ahí deja de ser para niños-.
La música regional mexicana estuvo entrampada en sus propios códigos y dentro de sus propias fronteras geográficas, se asumía que para triunfar en el género había que vestir un uniforme en el que no faltaran el sombrero y las botas. Cuando por inspiración las letras se atrevían a ir más allá de las borracheras, hasta se podía hablar de cosas verdaderamente importantes como la nostalgia del migrante o al orgullo por la tierra.
Hoy, el principal responsable de la demolición estilística de todo eso tiene nombre: Carín León.
El nacido en Hermosillo está consolidando con su disco MUDA una hegemonía musical que lo posiciona como el artista de regional mexicano más influyente del momento. El estreno de MUDA y sus próximas paradas en escenarios tan dispares como The Sphere en Las Vegas y el Summer Sonic Fest en Japón no son meras coincidencias de una agenda afortunada, sino los hábiles movimientos en un tablero que demuestran que el género ya no se mide en kilómetros o reproducciones, sino en audiencias globales.
MUDA, ¿qué lo hace igual a los demás y qué lo hace diferente?
Para empezar no habla de la condición de silencio, sino en palabras del propio Carín es como mudarse de piel, renovarse pues. Fuera de sus primeras rolas allá por 2018 que sonaban igual a otras en cuanto a temáticas, arreglos y armonías, Carín pulió su música y aunque no escapa del todo a los clichés del regional, sí ha evolucionado de tal forma que ahora al escuchar algunas de sus canciones uno piensa: “Oye, suena chido, me late… ¿por qué me late?”
Conquistar a los fans es facilísimo, se hace con una mano atada y hasta con la garganta afónica, lo verdaderamente meritorio está en convencer a los que no gustan o están familiarizados con el género y el colmo de eso llegó justamente con MUDA.
En un panorama musical saturado de sencillos efímeros diseñados para el algoritmo de TikTok o de canciones desechables para estrenar una cada 3 horas, Carín León apuesta por la densidad musical y muestra una madurez vocal e instrumental que incomoda a los puristas del regional y sorprende a los puristas de otros.
Y ojo con esto: No hay miedo a cruzar el puente hacia el soul, el blues o el pop. Ése es el mérito más interesante de MUDA. Chequen este corte, verdaderamente excelso: En la Misma Cama.
Ruca, (forma desfachatada de decir “mi mujer” o “mi vieja”), no es tan exquisito como el anterior y aunque trae algunos códigos costumbristas del género y hasta recurre a lo lépero, es una muy buena rola por sus arreglos rock, pop y electrónicos.
El tercer sencillo de MUDA se acomoda plenamente en el regional: El video: Un hermoso Pontiac azul Firebird Trans Am del ´77 retacado de botellas vacías, con Carín sentado en el cofre atravesando el desierto y ofreciendo una promesa de amor, es por decir lo menos, extraordinario. La Buena.
Próximas paradas, The Sphere en Las Vegas y el Festival Summer Sonic en Japón.
La verdadera magnitud del fenómeno Carín León se entiende cuando se observa el mapa de su expansión. Que un artista de Sonora llene en Las Vegas ya no sorprende, lo verdaderamente sintomático, el hecho que debería hacernos levantar la ceja, es su desembarco en Japón. ¿Será que después de la lucha libre, sea Carín quien se vuelva el fenómeno mexicano por allá? Ojalá.
¿Por qué Carín y no otro? Mientras otros exponentes del movimiento actual se han colgado las medallas de la viralidad instantánea y los tumbados urbanos, Carín León ha elegido el camino de la permanencia. Es un artista que puede colaborar con estrellas del Country, cantar con Carlos Vives y tener una colaboración con Juanes, hasta puede subirse al escenario con leyendas del Rock, sin perder nada de su esencia norteña.
Ya me voy, se me antojó un trago y voy a ponerme completo el disco de MUDA.
Hasta el próximo vicio.














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