Durante décadas, la conversación sobre contaminación se ha centrado en automóviles, fábricas y combustibles fósiles. Sin embargo, el rápido crecimiento de los lanzamientos espaciales y de las constelaciones de satélites está abriendo un nuevo frente de preocupación para la comunidad científica.
Investigadores del University College de Londres (UCL, por sus siglas en inglés) analizaron el impacto de las emisiones generadas por los cohetes y concluyeron que el carbono negro expulsado a gran altitud permanece durante años en la estratosfera, donde tiene una capacidad mucho mayor para alterar el clima que las partículas emitidas a nivel del suelo.
¿Por qué la contaminación espacial tiene un impacto tan elevado?
La clave está en el lugar donde se liberan estas partículas. Mientras gran parte de los contaminantes terrestres son eliminados gradualmente por la lluvia y otros procesos atmosféricos, el carbono negro emitido por los cohetes queda atrapado en capas altas de la atmósfera.
Desde ahí absorbe radiación solar y contribuye al calentamiento de la estratosfera. Los investigadores calcularon que, por unidad de masa, este tipo de contaminación genera un efecto climático hasta 540 veces mayor que fuentes similares en la Tierra.
El estudio utilizó modelos atmosféricos avanzados para proyectar las emisiones generadas por lanzamientos y reentradas de cohetes entre 2020 y 2029. Además, los científicos validaron sus resultados con mediciones realizadas por aeronaves de investigación de la NASA.
El auge de los satélites multiplica las preocupaciones
Los expertos señalan que el crecimiento de las llamadas megaconstelaciones de satélites está acelerando este fenómeno. Empresas dedicadas a proporcionar internet desde el espacio han incrementado notablemente la cantidad de lanzamientos en los últimos años, lo que implica más emisiones de cohetes y más reentradas de satélites al final de su vida útil.
De acuerdo con la investigación, estas megaconstelaciones ya serían responsables de más de la mitad del impacto climático instantáneo atribuido a las actividades espaciales. Gran parte de ello se debe al uso de combustibles que generan importantes cantidades de carbono negro durante los lanzamientos.
Científicos advierten sobre una regulación insuficiente
Aunque el efecto actual sobre la capa de ozono sigue siendo relativamente pequeño, los investigadores consideran que la situación podría cambiar conforme aumente el número de lanzamientos y nuevos operadores entren al mercado espacial.
Algunos especialistas incluso comparan el efecto acumulado de estas emisiones con experimentos de geoingeniería atmosférica realizados sin una planificación global ni una evaluación completa de sus consecuencias.
La preocupación también crece por el aumento de basura espacial y la frecuencia de reentradas de objetos artificiales. Investigaciones recientes han desarrollado nuevas técnicas para rastrear restos espaciales que regresan a la Tierra, un problema que se vuelve cada vez más relevante conforme aumenta la actividad orbital.
Por ahora, los científicos piden ampliar la investigación y establecer mecanismos de monitoreo que permitan entender mejor el impacto ambiental de una industria espacial que no deja de crecer para el espacio. Lo que ocurre fuera de la atmósfera terrestre, advierten, podría tener más consecuencias sobre el clima de las que se pensaba hasta hace unos años.
















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